Historias de quereños.

Llevo más de la mitad de mi vida viviendo en Madrid y me gusta vivir en esta ciudad. Por otra parte ya no tengo ningún familiar en Quero, pero reconozco que año tras año cuando se acercan las fiestas, algo me impulsa a volver a mi pueblo.
He oído decir alguna vez que somos del lugar dónde hemos vivido nuestra infancia. Volver allí cada año significa para mí enfrentarme al paso del tiempo y a recuerdos a veces desdibujados y a veces muy presentes en mi vida que han ido conformando mi personalidad y mi historia personal. Significa también, un momento de balance personal donde contrastar si he hecho realidad los sueños y proyectos que me forjé durante mi infancia y juventud. Y al mismo tiempo la oportunidad de pedir a nuestra Virgen de las Nieves la protección para mi familia durante el próximo año.
Son días de vuelta a mi infancia y adolescencia, de sumergirme en recuerdos unas veces dulces y otras, muy amargos. Siempre he pensado que es una suerte ser de un pueblo, por que éste permite volver a ese lugar y reencontrarte con tu pasado.
En este volver cada año a Quero se me ocurre que como a mí, habrá muchísimos quereños y quereñas a los que les ocurra lo mismo y me gustaría abrir un lugar de encuentro para estas vivencias, porque pienso que en la historia de cada uno siempre hay algo de la de todos.
Me encantaría que me contaran historias de quereños no buscadas en archivos históricos, ni en excavaciones arqueológicas, sino rescatadas de nuestra memoria o de la memoria de nuestros mayores. Sencillos homenajes a nuestros familiares o a personajes populares y conocidos por todos, como por ejemplo, nuestros maestros. Historias ligadas a los lugares típicos de nuestro pueblo, a nuestras tradiciones, oficios, fiestas, lugares típicos, etc.
Se me ocurre por ejemplo, cuántas emociones puede sugerir a cualquier quereño un personaje tan entrañable para todos como Julio el confitero. Siempre recuerdo la alegría con que yo pasaba cada domingo por el patio de su casa para llegar a una habitación a modo de cueva donde guardaba en botes de cristal grueso sus maravillosos dulces. Y cómo, mientras sacaba con sus manos temblorosas uno de aquellos bizcochos de limón, bañados en una capa crujiente de azúcar cristalizado, aumentaba mi impaciencia mientras mi boca se hacía agua. O qué decir de las pastas de almendra, de las rosquillas bañadas en coco o de los pasteles con crema y una guinda arriba que hacía para el día de la madre, de las tortas de Alcázar con que se obsequiaba a las recién paridas, etc. Seguro que todos tenemos momentos importantes de nuestras vidas ligados a alguno de estos entrañables dulces. Alguna vez he oído decir a algún quereño que probablemente Julio estará de Confitero Mayor en el Cielo.
Me gustan las historias contadas en primera persona, que no tendrían por qué ser fidedignas puesto que lo importante es cómo las hemos vivido, cómo han marcado nuestras vidas y cómo las recordamos.
Espero vuestra pequeñas historias en la dirección de correo electrónico memoriasdequero@telefonica.net
Beatriz Corrales Ruiz (pseudónimo)

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